jueves, 5 de abril de 2012

La Semana Santa Muzulmana


 Ramo de palma de cera

En Abril....aguas mil!!! Así decía el estribillo que recuerdo se escuchaba por esta época del año en nuestra ciudad, en nuestro barrio. Era el decir de las abuelas y se constataba al llegar ese añorado receso que teníamos al llegar la semana santa. Ansiosos esperábamos ver el desfile de las palmas el domingo de ramos, con el que se inauguraba la semana mayor, y mayormente esperada por uno que miraba las vacaciones de junio, las de mitad de año, como tan distantes. Esta semanita, por tanto, se convertía en el mejor regalo que la vida nos podía proporcionar como recompensa a los que nos decíamos estudiantes en aquel entonces, por esos esfuerzos de los primeros meses de actividad académica. Con lluvia o sin ella, era tiempo de vacaciones, era la semana santa.

Iglesia Santa Isabel de Hungría
Jamás se borrarán de mi memoria esos desfiles del Domingo de Ramos por el barrio, cuando el cura decidía cambiar su hábito usualmente negro, por el morado y con su casulla blanca colocada sobre su hábito, desfilaba por el barrio en compañía de sus acólitos o sacristanes y todo el séquito de feligreses que lo seguían, conmemorando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, inolvidable para todo el mundo cristiano.
Las palmas y todos esos adornos tejidos que se hacían rociar de agua bendita, en cada casa se convertían a partir de ese día y hasta el nuevo año, en una especie de reliquia o de contra para épocas difíciles. Decían que en días de tormenta se prendían esos ramos benditos para aplacar el mal tiempo. A los niños se les pedía hacer cadenas de oraciones a medida que se iban anudando esos ramitos y se seguía una serie de costumbres y tradiciones que año tras año se mantenían. Esta práctica, como sabemos, ha pasado de moda debido al daño ecológico que se estaba haciendo a la Palma de Cera, nuestro árbol nacional.  Me pregunto cómo serán los ramos en la actualidad, cuando según he leído, se está promoviendo el uso de los ameros de mazorca con dicho fin.


Una de las cosas interesantes que traía la semana santa, además del descanso de las madrugadas de todos los días de colegio, era la expectativa que surgía con la comida especial que se prepararía en cada casa para esos días santos. En mi época se mantenía la costumbre del ayuno y la abstinencia en ciertos días, pero así como se ayunaba, se preparaban también, unas tremendas comilonas de pescado, por ejemplo, para los viernes santos. En el mercado se conseguían las sartas enormes de pescado provenientes del río Magdalena que en época de creciente dejaba mucho pescado disponible para el consumo. Creo que con el devenir de los tiempos, ya si es que aún queda pescado, debe estar muy contaminado. No se, pero quisiera mantener la esperanza de que a las nuevas generaciones les haya tocado disfrutar tanto como a nosotros, esa época de las subiendas de pescado. Pero en fin, si no era el pescado fresco, existía también el seco que se compraba por esta temporada y que una vez desalado, servía para preparar un pescado muy rico o para tortas que complementaban el menú de los días santos.

Viudo de Pescado

En cada casa, de acuerdo con el origen de las familias, se seguían algunas costumbres y se preparaban diferentes platos. A mí me correspondió una mezcla de tolimense y bogotano, de tal forma que el menú de la casa era algo ecléctico, manteniendo mayormente la influencia tolimense que venía por el lado de mi papá, y los famosos viudos de pescado, hacían parte de esos menús obligatorios de la temporada, pero también había espacio para los deliciosos postres que la abuela sabía preparar y que a los niños nos encantaban. Había uno que se preparaba con almojábanas, panela, canela y limón, Se hacían las islas flotantes, que de ella aprendí a hacer y siempre me quedé con el deseo de aprender a preparar uno que hacían con casquitos de limón, arequipe y no se qué otras delicias de la repostería criolla.


Islas flotantes

Pero durante la semana santa las actividades giraban básicamente en torno a las tradiciones religiosas, y así era como llegábamos a los jueves santos con las visitas de los monumentos, viacrucis y confesiones. En la noche era una novedad asistir a la iglesia a la visita del Santísimo. Este día, para nosotros los niños,empezaba la parte menos divertida de la semana. Era por entonces prohibido correr, gritar, mucho menos pelear o decir palabrotas. El juego quedaba relegado para los días posteriores porque durante jueves y viernes, esas actividades estaban vedadas, por considerarse una ofensa a Dios. La verdad, poco acatábamos esas órdenes, pero procurábamos mantenernos menos inquietos que los demás días, sobretodo por temor a las encolerizadas de mi papá que por esos días únicos en el año, permanecía todo el tiempo en casa escuchando música clásica o religiosa, porque, ese era otro detalle, las emisoras suspendían sus programaciones regulares y sólo se escuchaba música sacra o clásica y sermones y reflexiones propias de la semana de pasión.


El viernes era un nuevo día y en esa ocasión era casi obligatorio asistir al sermón de las siete palabras, al lavatorio de pies y a todas las ceremonias que duraban toda la tarde en la iglesia. En la noche algunas veces se asistía a la velación del sepulcro y a nosotros nos encantaba poder respirar aire puro así fuera en la noche, ya que el claustro de esos dos días sacros en la casa eran definitivamente insoportables para nuestras inquietas mentes y cuerpos infantiles.

Iglesia de Monserrate

El sábado el ambiente religioso se hallaba ya un poco mas relajado y el domingo era de nuevo la alegría la que retornaba a nuestra casa. No sólo porque era el día en que se celebraba la resurrección de Cristo, sino también porque recuperábamos la libertad de gritar, jugar y por supuesto de pelear!!!

Natilla con dulce de moras

Se preparaba en este domingo, el día de Pascua, la mejor comida de la semana y todo retornaba a la normalidad. Pronto olvidábamos las promesas hechas frente al altar de no pelearnos con los hermanos, de despojarnos de la envidia, de todas esas pilatunas que eran consideradas pecados y la vida continuaba para uno nuevamente con las responsabilidades y a veces, hay que decir que muchas, con el temor de haber dejado escapar esos preciosos días de vacaciones, sin completar el cúmulo de tareas que por lo general nos eran asignadas para esa semana de pasión. Ahí para muchos de nosotros, los que eramos mas vagos, venía nuestro siguiente calvario.
Ya están muy lejanos esos días llenos de tanto temor de uno y otro orden, pero siguen recordándose con emoción las anécdotas que llenaban esos días de pausa que teníamos en medio de esa agitada vida escolar y que fueron transformándose drásticamente cuando llegamos a la adolescencia. Esa será una historia que recordaré en otra oportunidad.

Matraca de bambú
He olvidado mencionar las famosas matracas, esos objetos ruidosos que aparecían durante esta época y que eran utilizados con esa finalidad, hacer ruido, pero no recuerdo exactamente cuándo y porqué era que se utilizaban. Seria interesante que alguno de los que goza de buena memoria nos refresque un poco la nuestra con algo de lo que hemos olvidado.
Rómulo Sáchica Valbuena nos ha enviado este comentario sobre las matracas y algún otro recuerdo de la semana santa. "Al morir Jesús su voz se apagó con él, y como la campana es la voz de Dios, la iglesia como remplazo, inventó la matraca para acompañar las ceremonias propias de la época. También quiero agregar que mi madre nos llevaba a ver el santo sepulcro y a rezar los 33 credos, cuenta que se llevaba haciendo un nudo por cada credo, en una tirita de la palma que sacaban el domingo de ramos. Después de terminado el rezo, se colocaba dentro del sepulcro."   


sábado, 31 de marzo de 2012

Con la música a otra parte...


Serrat - Vagabundear


Con sus flautas, guitarras y cuanto objeto podían convertir en instrumento, los veíamos aparecer por las esquinas del barrio donde acostumbraban reunirse. Entre risas y bromas, fumatas y cantatas, poco a poco fueron descubriendo su vocación, su talento y también seleccionando el instrumento y el género musical al que dedicarían buena parte de su vida. De las tocatas en los parquecitos, ante jardines, solares o de cualquier esquina donde los decibeles permitidos por el oído de los no tan pacientes vecinos se los permitieran, fueron naciendo los músicos del barrio; algunos con ancestros musicales y verdaderos maestros en sus casas y otros aprendiendo de sus mismos amigos; unos y otros fueron creciendo musicalmente y con el transcurrir de los días decidieron tomarse en serio el estudio de la música, para abrirse espacio dentro del ámbito musical local, y un buen día, cuando los horizontes del barrio fueron haciéndose pequeños para ellos, decidieron irse con su música a otra parte.



Serrat - Pueblo Blanco


Surgieron como de la nada, pero con el pasar del tiempo, la dedicación, la disciplina personal y algunas veces el apoyo familiar, fueron creando senderos musicales amplios. A algunos les costó más trabajo que a otros pues sus familias poco apostaban al futuro musical de estos muchachos, quienes pese a la desmotivación que en muchos casos recibieron, tomaron la decisión de luchar por alcanzar sus sueños y llevar su música por el mundo que llevan recorrido. Recordamos desde este pequeño espacio tan sólo a unos cuántos de ellos. Quisiéramos tener la lista completa de estos artistas a los que admiramos y valoramos por todo lo que aportaron a la vida del barrio y a la vida misma, desde donde se encuentran, pero resulta difícil recordarlos a todos. Sólo con la colaboración de todos ustedes podríamos ir ampliando esta parte de la historia musical del barrio. 


John Rodriguez y parte de su familia

Para citar sólo unos cuantos, menciono a John Rodríguez Morales, quien lleva en su sangre el talento musical de su abuelo materno, el maestro José A. Morales. Con el chelo bajo el brazo, un buen día decidió organizar su vida en Costa Rica, donde ha continuado dedicado a sus dos grandes amores: su familia y la música.



Cortesía de John Rodríguez


Edgar Cháves en Alemania, otro extremo del planeta, hace parte de un grupo de salsa que, sin duda, alegra los fríos inviernos de los habitantes de su ciudad, con el sabor y el calor de la música latina; mayormente dedicado a la flauta, los instrumentos de percusión y a orientar la carrera musical de su hijo Antonio, consagrado al piano.



Antonio Cháves


Rafael Leal, quien como baterista formó parte del grupo de rockeros del barrio por los dorados años setentas, fue uno de los integrantes del inolvidable Prana que amenizó tardes y noches de la bohemia muzulmana; con el tiempo y gran dedicación, se convirtió en una autoridad como maestro de batería.  Autor del libro "Cómo tocar en batería ritmos internacionales y autóctonos".


Rafael Leal Ramirez

Inolvidables también Oswaldo Carrillo, Miguel Santamaría, el Gordo Gil, hijo adoptivo del barrio y uno de los guitarristas y vocalista de Prana,  y otros que en algún momento fueron parte de nuestro querido grupo del que nos sentíamos tan orgullosos. Del Gordo Gil, que fue el apodo con el que lo conocimos, recientemente me enteré que se había convertido en escritor y que, bajo su seudónimo, Magil, con su novela "Concierto del Desconcierto", una obra enteramente dedicada a la historia del rock, había sido ganador del premio de la editorial Plaza y Janes en el año 81 y autor reconocido de varios libros como “Viaje insurreccional por Latinoamérica” y “ La saga fantástica de Valmiki”. Sería importante que alguno de sus compañeros de la época nos confirmara la veracidad de esta información.


Manuel Gil  - "Magil"

Finalmente, tenemos a la familia Cañón, toda una dinastía musical con don Carlos Arturo a la cabeza, quien como clarinetista y saxofonista fue maestro de maestros, entre los cuales está su hijo Ricardo, clarinetista también y actualmente integrante de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y casado con Rocío Valencia, una violonchelista. Sus dos hijos también dedicados a la música: Natalia estudiosa del piano y Santiago, quien a su corta edad como chelista, ha demostrado a nivel internacional su gran talento, dejando en alto el nombre de su familia y el de Colombia. En varias oportunidades, Ricardo amablemente, ha compartido con nosotros en Facebook, algunos videos de Santiago y de él con la Filarmónica.



Maestros Carlos y Ricardo Cañon, con Gloria, Patricia y Pablo


Ricardo Cañon Garcia


Lindo y lejos de Colombia


A continuación, agregamos algunos comentarios que nos han llegado sobre nuestros queridos músicos y continuaremos agradeciendo la información que puedan hacernos llegar sobre los que no han quedado incluídos.

Carlos Julio Medina Triana: Ahora recuerdo que Felipe es Edgar Felipe, mi gran amigo, junto con nuestro fallecido Jaime Ernesto Ruiz. Estoy hablando de amigos de una hermosa infancia. Pero recuerdo también nuestros inicios musicales y nuestra afición por los Beatles, a quienes interpretábamos con tarros y ollas y cuyas canciones cantábamos a grito entero. Aún recuerdo a doña Celina llamando a Edgar para que se entrara...Ja ja ja. Un abrazo Edgar y espero que te encuentres muy bien.

María Duran: En Muzú la música siempre estuvo presente, no sólo en las fiestas, también se organizaban veladas callejeras con tambor, guitarra y flauta. Dentro de los profesionales me acuerdo de Iván Mayorga y Edgar Cháves "ché Cháves". Los aficionados de la época Ricardo Marin, Oscar William Agudelo........Y un etno-musicólogo de la Alquería. Roland que vive desde hace mucho en Italia y si no se acuerdan de él, los invitó a visitar su página web: http://www.rolandricaurte.com/ 

Efraín Salazar: Son los gratos recuerdos de un gran ser humano al que quiero incluír en la lista de los músicos de Muzú: Enrique Salcedo, más conocido como el Gordo Enrique (ya fallecido) hijo del profesor Salcedo, también músico. Igualmente puedo incluírme yo mismo, que cuento con el mejor oído de artillero. Gracias, Constanza, una vez más, por traernos tus notas llenas de recuerdos y te agradecería que me mandaras algunas pastillitas para la memoria.




Roland Ricaurte - Uomini in movimento



Roland Ricaurte - Grupo Tinku - Soñando (Agua)


Además de los aquí citados, hubo unos hermanos dedicados a la música vallenata, sobre los que no hemos podido determinar nombres con exactitud y muchos anónimos de los que con el tiempo, seguramente iremos conociendo su trayectoria.

sábado, 25 de febrero de 2012

Inolvidables dias de Colegio


Ximena Diaz - Kinder en Sta Maria Goretti (Srta. Aurita)


Podria decir con certeza que casi todos los dias de nuestra infancia estaban llenos de grandes expectativas, pero los finales de enero y  comienzos de febrero, tenian un especial encanto por ser los ultimos dias de vacaciones y al mismo tiempo porque sentiamos la proximidad de nuestro regreso al colegio. Por esos dias nos ibamos llenando de gran optimismo y nuevos propositos; llenos de energia y muy bien puestecitos, llegado el dia, nos disponiamos a empezar el nuevo año escolar.



Mucho se podria escribir sobre esos dias de colegio, que se iniciaban cuando con algunas excepciones, desfilabamos temprano hacia nuestros respectivos colegios y escuelas recien desayunaditos e impecables. Un dia supe por ejemplo, de una niña que aprovechando la ocupacion de sus padres y evadiendo las reglas de higiene y urbanidad, sin el menor recato, se enfundaba muchas veces el uniforme, manteniendo la pijama debajo, se cogia una moña, sin siquiera desenredar el pelo y  sin cepillarse ni los dientes, llegaba muy campante a su colegio.  Los niños salian peluquiados con sus cortes estilo Humberto, o con la inolvidable Shuller, dependiendo del criterio mas o menos estricto de padres y maestros, y las niñas, con el cabello corto bien peinado, o con colas de caballo y trenzas bien templadas y amarradas. Habiendo pasado las correspondientes revisiones de orejas y uñas, de nuestros uniformes bien planchados, medias inmaculadas y zapatos embolados con sus correspondientes cordones, eramos despachados con las recomendaciones del caso, para regresar horas mas tarde con todo este inventario completamente en desorden, dando testimonio de las deliciosas jornadas escolares, en las que lo que mas disfrutabamos eran los recreos y la salida de clases. 

Las medias que en la mañana hacian juego con el blanco de los puños y cuellos de las camisas, en muchos casos hasta almidonadas, parecian medias mutantes que cambiaban su color por un gris o amarillo tierroso, si no resultaban “comidas”.  Durante nuestras horas de juego, estas medias poco a poco iban desapareciendo como por arte de magia, y al final resultaban enrolladas dentro de los zapatos, que eran los que parecian devorarlas mientras nos manteniamos distraidos y sumergidos en el juego.  

Los bluejeans que salian recien lavados y planchados en las mañanas, despues de los partidos de futbol y demas juegos, regresaban con las rodillas verdes, cuando no resultaban con uno que otro roto. En correspondencia, los delantales de las niñas, regresaban de un color completamente diferente al que tenian al salir de casa. No habia recomendaciones ni castigos suficientes, para evitar que accidentes como los chorriones de tinta, marcas de esfero, o los rastros de lo comido, se notaran en nuestra indumentaria diaria. En estos dias, ni el mas pesado castigo habria podido limitar nuestras horas de diversion, de soñar despiertos y de compartir con amigos y compañeros toda clase de juegos y pilatunas.



Por esta epoca aprendimos que mantener la presentacion personal, con el uniforme adecuado, no era solo responsabilidad de los padres;  ademas del trabajo de ensuciarlos todos los dias, tambien nos correspondia el de ayudar en su limpieza. Recuerdo que los tenis, que eran mis zapatos favoritos, habia que limpiarlos y mantenerlos blancos a punta de lo que fuera. Para estos efectos se utilizaban el Blanco de España o el Griffin que aparecio posteriormente, y que obviamente era mas costoso. Ni hablar de los zapatos de diario, cuyo mantenimiento se convertia en una pesadilla para todos, porque usualmente era muy dificil lograr que sobretodo las puntas, permanecieran con sus colores negro, cafe o azul. Poco a poco iban revelando el color original del cuero, a golpe de patadas y roces contra el pavimento y las piedras. En muchas ocasiones, los zapatos se terminaban primero por encima que por debajo. Ademas, el pie crecia tanto, que bastaba con que alcanzaran para el semestre y en el mejor de los casos, para el año escolar completo o para “heredarselos” al hermano menor, cuando se trataba de niños mas cuidadosos. En mi casa, eso nunca se logro. Finalizando el año, todos terminabamos con “chagualos” en vez de zapatos.




Recordando esos lejanos dias, vienen tambien a mi mente, como quien regresa de una madrugada de pesca con unas redes cargadas, las imagenes de todos esos implementos que a diario conformaban los utiles escolares de nuestra epoca y que fueron desapareciendo para las nuevas generaciones....La Cartilla Charry, La Alegria de leer, entre algunos de nuestros primeros textos escolares, junto con el Catecismo del padre Astete y la Urbanidad de Carreño. 



Los cuadernos marca Norma o Cardenal que eran de 20, 50, 80 y 100 hojas. Estos ultimos solo usados cuando uno era lo suficientemente grande y convencia finalmente a los padres de que estos gruesos cuadernos eran importantes para nuestro rendimiento escolar. El abaco para el aprendizaje de las operaciones basicas y para la multiplicacion las tablas se memorizaban de las que venian impresas en la pasta de los cuadernos, junto con el Himno Nacional y algunos otros datos que resultaban de cierta utilidad.






Usabamos tambien el cuaderno de dibujo y el famoso cuaderno ferrocarril que era el terreno de ejercicio para la caligrafia.  Los primeros trazos se realizaban con lapiz y posteriormente, cuando las destrezas eran mayores, se pasaba al portaplumas y al tintero.  El manejo de la tinta Pelikan o Titan y plumas y portaplumas, desde luego, eran cosa de grandes. La tinta china y las plumillas venian mas adelante en bachillerato, cuando teniamos que hacer albumes de Anatomia y mapas. No puedo olvidar lo intimidante que resultaba para mi, ver esas paginas en blanco para ser llenadas con trazos friamente calculados, evitando las manchas y el uso de los secantes o de la tiza, en esos dias de la tinta y el portaplumas.  Años mas tarde, cuando llego la era del boligrafo, estas angustias felizmente se terminaron.



Otro asunto eran los forros de los cuadernos; primero se usaba el papel milano de colores y luego el plastico, que llego posteriormente.  No se usaban ni la cinta pegante, ni otros pegamentos como el Colbon. Utilizabamos la goma arabica que venia en cristales que se disolvian con agua caliente, o cuando habia mayores recursos, se compraba el frasco de goma que ya venia liquida en su correspondiente frasco con la tapa de caucho a la que habia que hacerle una hendidura para poder utilizarlo apropiadamente. Para proyectos grandes, se usaba el engrudo, que era fabricado en forma casera con agua y harina de trigo o maizena cocida.

Habia otros utiles que poco a poco fuimos aprendiendo a utilizar como la regla, tan bien manejada por algunos maestros como herramienta de castigo, y que era necesaria para hacerle las margenes a los cuadernos, con el lapiz rojo, con el que ademas se escribian los titulos. No existian en nuestra epoca los marcadores. Los lapices de colores con los que nos iniciabamos en el arte del dibujo y el coloreado, eran cajitas de seis lapicitos marca Recreo que eran los mas economicos; posteriormente vendrian los Prismacolor, cuando eramos grandes, o habia mas recursos en la casa. La escuadra, el transportador y el compas, eran implementos que requerian ciertos conocimientos y habilidades mas avanzadas y todos mirabamos con ansiedad el dia en que nos permitieran usarlos. Los primeros borradores que tuvimos eran los de leche, que una vez aprendiamos el manejo de la tinta o los boligrafos, eran sustituidos por las barritas grises y blancas que todavia hoy existen. La alistada de la maleta antes de acostarse, era otra de las responsabilidades que uno tenia, cerciorandose de que iba todo completo, incluyendo las tareas correspondientes, otro de los puntos que ocasionaron multiples bochornos en mi casa y seguramente en muchas de las de mis amigos y vecinos. Los dias mas angustiosos de la semana eran los domingos en la noche...creo que sobran las palabras y comentarios a este respecto.



 Las loncheras, eran otro tema aparte. En los primeros años las amabamos. Era una delicia llevar lonchera y termo. En mi caso, el termo fue un lujo que llego tardiamente. A nosotros nos tocaron las cantimploras plasticas, que con los dias, iban tomando un olor que las hacia inutilizables. Daba verguenza destaparlas en publico, especialmente cuando su contenido, por muy nutritivo que fuera, se convertia en un liquido fermentado, espumoso y francamente desagradable y maloliente que hacia que terminaramos regresando a la casa con ellas intactas, o como haciamos en muchas oportunidades, nutriendo con ellos las plantas que crecian en los jardines del vecindario. Era imperdonable regresar a la casa con parte del contenido de la lonchera.




 Posteriormente, llevar lonchera era una definitiva verguenza!!! No hallaba uno la hora de estar “grande”, para que le empezaran a dar unas pocas monedas a cambio de esa pesada y aburridora lonchera, llena de comida nutritiva. Era mas rico poder comprar golosinas y chucherias en la cooperativa del colegio o en las tiendas aledañas. Finalmente el control de las porquerias que nos comiamos, estaba en nuestras manos!!!! Eramos libres de elegir lo que comeriamos a la hora del recreo o a la salida del colegio, cuando ademas de contar con esos centavos, terminabamos echando mano de la plata del bus y aventurandonos despues a depender del azar y de la generosidad de las personas mayores que terminaban dandonos para completar lo del bus de regreso a casa.

Cada paso de esa transicion de pre-escolares a niños de primaria y de estos a estudiantes de bachillerato, nos trajeron alegrias y tristezas, emociones y desengaños; fueron causantes de premios y castigos, de soberanas palizas y reprimendas, pero todos finalmente fueron parte de ese pasado que vivimos, superamos y disfrutamos al lado de hermanos y vecinos, compañeros de clase y toda esa gama de compinches que contribuyeron a nuestra formacion o deformacion, pero definitivamente se constituyeron en dias inolvidables.   





 En el pais de no me acuerdo - Maria Elena Walsh

sábado, 21 de enero de 2012

El secreto de Hugo



“Secreto de dos, secreto de Dios, secreto de tres, de todos es.”  Asi nos decia mi abuela de cuando en cuando, si nos encontraba a mi hermana Myriam y a mi por ahi en algun lugar de la casa cuchicheando. El versito me quedo muy bien grabado en la memoria y lo comprendi perfectamente desde entonces; con el paso del tiempo y la salida de mas canas, voy dandome cuenta de lo importante y saludable que es evitar mantener secretos porque tarde o temprano se descubren. Cuando alguien me dice voy a contarte algo pero es un secreto, le respondo: mejor no me lo cuentes, porque si es secreto, de pronto a mi se me escapa y termino revelandolo. Asi me libre del compromiso de guardar secretos y me siento libre de soltar la lengua cuando me convenga. No soy de fiar...

Hay por ejemplo, grandes secretos de estado, que con toda la reserva que se pretende mantener alrededor de ellos, nunca falta el espacio por donde se filtra la informacion (tenemos recientemente el caso de Wikileaks) y terminan saliendo a la luz publica datos y documentos insospechados y se viene abajo la credibilidad de muchas personas e instituciones.




Igualmente ocurre  con los secretos de familia, que con el pasar de los dias se convierten en poco saludables y si se quiere toxicos, pues tienden a auspiciar relaciones insanas y ambientes de desconfianza y recelo; cuando se revelan, resulta mucha gente involucrada y por ende damnificada. Es muy frecuente que estos secretos esten relacionados con abusos infantiles, incestos, relaciones extra-matrimoniales e hijos producto de infidelidades, una serie de situaciones, que por complicadas que sean, siempre es mejor enfrentarlas cuando los implicados aun estan vivos, por si es necesario hacer aclaraciones, rectificaciones, y llegar al perdon.  Esto es algo importante en la vida, para procurar enmendar de alguna manera los errores cometidos; no hay quien escape a la necesidad de dar y recibir el perdon. Cualquiera que sea la verdad, es mejor enfrentarla mas tarde que nunca, y yo sigo convencida de que esto es mucho mas sencillo, que pretender sostener una mentira o mantener un secreto indefinidamente. Tarde o temprano, dicen por ahi, la verdad sale a la luz.


Ximena y George - Cortesia Familia Caro

Hay otra clase de secretos, los de amor, que tienen que ver con esos sentimientos que se han mantenido, si no ocultos, por lo menos no manifiestos, cuando se trata de esos amores platonicos que tambien muchos seres humanos hemos tenido alguna vez en cualquiera de las etapas de nuestra existencia. Hay quienes se enamoran en la infancia de algun vecinito, de su primera maestra o de algun profesor que quizas represente una figura materna o paterna, cuando aun estamos en ese proceso de resolver el famoso conflicto edipico. Hay otros amores platonicos en la adolescencia, cuando los muchachos se enamoran de la maestra de las buenas piernas o con alguna parte prominente de su figura femenina, o las muchachas de ese profesor de educacion fisica de cuerpo atletico, brazos fuertes, o que se yo. Esos amores obedecen un poco a ese arrebato hormonal que ocurre en esta etapa de la vida. Mas adelante hay quienes se enamoran de algun imposible, como cuando el ojo se desvia y se incurre en ese mandamiento que señala el no desear la mujer del projimo (menos mal que a nosotras las mujeres se nos dio el beneficio de poder echarle ojo al vecino, porque el mandamiento nunca dijo algo sobre no desear al hombre de la projima).

Cuando de la sola atraccion o del enamoramiento no se pasa a mayores, el secreto termina siendo con el tiempo, apenas un grato y simpatico recuerdo del que nos reimos y podemos hacerlo publico en cualquier momento de la vida, cosa que no ocurre cuando las cosas se enredan y surgen acciones perjudiciales para todos los implicados. No es este el caso del secreto que quiero ahora hacer publico, porque aqui no hubo damnificados. Y en todo caso, aun sin saberlo, el primer involucrado se llevo el secreto a la tumba.



Habia en la historia que recuerdo del barrio, un par de hermanos a quienes yo reconocia solo de vista. Uno alto, delgado, trigueño, y el otro mas blanco, tambien delgado, pero mas bajito.  Sus nombres yo los sabia, pero nunca supe cual era cual. Uno, Hugo Hernando y el otro Luis Edmundo. Se trataba de los hermanos Ruiz, vecinos de los Pinzon. Apenas hace unos dias, comentando con pesar el fallecimiento de Hugo y recordando anecdotas con mi hermana Myriam y con Memo Gomez, mi cuñado, surgio el tema de la “relacion secreta” que en mi infancia tuve con uno de ellos. La sorpresa para mi fue al descubrir que quien habia fallecido habia sido el hombre de mi idilica historia y no su hermano Edmundo, quien yo suponia era el protagonista de este amor fallido. Con todo respeto a el y a su familia, a manera de homenaje a ese amor de mi infancia, quise revelar publicamente la anecdota, que ya al mismo Hugo se la habia contado por este medio, sin saber entonces, que estaba hablando con el mismisimo protagonista. Apenas en tono de chiste, le conte mi secreto de amor, que el sin pista alguna escucho, ya que su memoria en ningun momento conecto con el incidente y solo me hizo un par de preguntas; el no recordaba ni mi nombre, ni la calle donde yo vivia. Ahora, de alguna manera, se fue con “nuestro secreto” a la tumba.



La historia empezo cuando yo tenia unos nueve o diez años. Por el  frente de mi casa veia pasar con alguna frecuencia a un muchacho alto, delgado, y para mi, atractivo, que usaba jeans ajustados y camisas a cuadros. Habia algo en su personalidad, en su forma de actuar, de caminar, que a mi francamente me gustaba. Lo veia pasar a veces solo, otras con el grupo de amigotes con los que siempre andaba y sabia que vivia no muy lejos de mi casa. Mi inocencia infantil sin embargo, no me permitia mas que admirarlo y verlo pasar siempre de largo, mientras yo observaba todos sus ires y venires. Ocurrio un buen dia, que estando yo jugando al frente de mi casa con otros niños vecinos, paso el con su “gallada” de siempre y se pararon en la esquina a conversar. Yo, como de costumbre, notaba su presencia, pero esta vez me sorprendio. Ahi delante de sus amigos, sin saber siquiera mi nombre, me miro y me llamo: “Oiga Peladita...venga un momento.”  Cuando yo, como un tomate y absolutamente invadida por la timidez, me le acerque siguiendo su llamado, me dijo: “Cierto Peladita que usted y yo vamos a ser novios cuando usted tenga quince años?”  Sus amigos apenas se reian, y yo sorprendida pero jubilosa por esa declaracion de amor anticipada cinco años, respondi con un SI rotundo, mientras mi mente infantil no terminaba de procesar las implicaciones del haber empeñado mi palabra tan facilmente. Por supuesto que esta historia permanece en la inocencia de mis recuerdos de infancia como algo inolvidable, pues en ese instante, yo si crei absolutamente que el y yo ibamos a ser novios algun dia que jamas llego. Creo que mantuve viva mi ilusion por un par de años, pero por supuesto, cuando llegue a los quince, habia olvidado mi promesa de amor y el la suya.  Despues de cierto tiempo, no lo volvi a ver, cuando supongo que su familia se fue definitivamente del barrio. Fue solo cuando el aparecio en esta pagina de los muzulmanes, que retorno el recuerdo de ese amor inocente de mi infancia y se lo relate a el, pensando que habia ocurrido con su hermano Edmundo. Yo sencillamente tenia confundidos los nombres!!!
En mis memorias de infancia quedara para siempre mi recuerdo de Hugo Hernando, a quien ya puedo colocarle el nombre propio...


Amor infantil - Paul Anka

Cancion de las simples cosas - Mercedes Sosa

sábado, 7 de enero de 2012

Las Cabañuelas



En los tiempos de nuestra infancia, (érase una vez...) cuando pasaban las Cabañuelas, era cuando verdaderamente se consideraba que empezaba a andar el nuevo año y la vida retornaba a la “normalidad”. Para los muzulmanes de las nuevas generaciones, aclaro, las cabañuelas correspondían a los doce primeros días del mes de enero, que determinaban, según esas viejas tradiciones de los abuelos, cual iba a ser el clima reinante en cada mes del año. Entre lo que anunciaban las Cabañuelas y el Almanaque Bristol, uno sabía por anticipado lo que ocurriría el resto del año. Con la modernidad y los avances tecnológicos, hay métodos nuevos, y seguramente mas asertados, para predecir el clima; aún así, nos encontramos hoy en día con esos fenómenos del Niño, de la Niña y tantos otros, que nos producen desconcierto y sensación de impotencia frente a los fenómenos naturales.  



Desconcierto también era lo que sentíamos al llegar esta época de las Cabañuelas y saber que iban quedando atrás los desordenes de las Navidades, que en la casa se iba  retornando a la cotidianidad y que las tan queridas vacaciones, rápidamente  iban llegando a su fin; que había que  empezar a pensar en el futuro inmediato, el nuevo año escolar. Nuestros padres veían como una pesadilla los gastos que se avecinaban con el ingreso de los muchachos de nuevo al colegio. Las matrículas, las pensiones, los uniformes nuevos, (los viejos pasaban al hermano que seguía en turno), las listas de útiles e inútiles, que en ese entonces no eran tan largas como las de hoy en día, el pago del transporte escolar para los que lo iban a necesitar y en fin, el año empezaba con sus respectivos dolores de cabeza para los padres y los mayores.



Para uno, sin embargo, era todavía el tiempo de las vacaciones. Eran esos últimos días los que se saboreaban con mayor deleite, como cuando bebe un delicioso jugo de fruta fresca y ve como poco a poco, el contenido del vaso va consumiéndose. Esos últimos sorbos son los más sabrosos o 'saboriosos', como dice por ahí una amiga mía... Así mismo, los últimos días de las  vacaciones resultaban cortos, para toda esa cantidad de cosas que soñábamos realizar antes de que llegaran los tiempos de las tediosas tareas, de las mayores responsabilidades, con esa historia que nos echaban de que ya tu estás más grandecito(a) y que había que asumir la correspondiente conducta con estoicismo y sacando pecho. Pues así, esos últimos días, sabían a gloria.


Generalmente, en esa época todavía se prolongaban las tardes de verano bogotanas y, en su mayoría, en el vecindario, eran ocupadas en esos juegos que todos recordamos con especial cariño. Además de las jugadas de tarro, escondidas, soldados libertados, de partidos de fútbol y muchos más, venía la temporada en la que nos preparábamos también para el inicio del nuevo año escolar y nos llenábamos de nuevos propósitos. Era estupenda esa época en la que las grandes preocupaciones que teníamos, consistían en decidir de qué color íbamos a forrar los libros y cuadernos, cual iba a ser la nueva maleta que llevaríamos, si continuaríamos llevando lonchera, o si por estar mas grandes, ya se nos permitiría manejar algún dinerito para las onces. Nos preocupaba cómo íbamos a vernos con el uniforme nuevo, o los que habíamos concluído la primaria, cómo haríamos para dejarle saber al resto del mundo que ya estábamos en bachillerato!!!  




Eran esos, sin duda y a pesar de todo, días maravillosos para nosotros y para los dueños del Baratillo, el Jar, las tiendas y demás negocios y misceláneas, que se surtían de toda clase de útiles e implementos para la temporada. Los juegos del día y las preocupaciones que mencionábamos, eran los que ocupaban mayormente nuestra mente durante los últimos días de las vacaciones. Y entonces, en medio de ese movimiento que se producía con el comienzo del nuevo año, surgían nuestros buenos propósitos, que con el transcurrir del tiempo, muchos irían quedando en el rincón de la memoria donde guardábamos las promesas incumplidas que nos hacíamos cada año, como esa de ser niños obedientes y más aplicados, por ejemplo. Ese último adjetivo se me escapa ahora de los laberintos de mi mente y reaparece, porque no había vuelto a escucharlo. Creo que ese vocablo cayó en desuso como tantos otros.... Pero, y que era ser aplicado? Se que todos lo podríamos definir, pero realmente no eran muchos los que llegaban a serlo. En todo caso, nos prometíamos a nosotros mismos ser más juiciosos (otra palabra rara), hacer todos los días las tareas, llevar los cuadernos al día sin arrancarles hojas, cumplir con los horarios de clase, olvidarnos de hacer trampas, mucho menos pensar en capar clases y todas esas fechorías que nos colocaban en el blanco de los castigos paternos y de las autoridades escolares.



En fin, ser aplicados, juiciosos y obedientes, eran algunas de nuestras metas al comenzar cada año escolar. La moda de los calendarios A, B y C, vino después, pero en ese entonces, era en Febrero cuando generalmente ingresábamos al colegio. Esa ambivalencia de emociones entre la tristeza por la culminación de las vacaciones, se combinaba con la ansiedad porque llegara pronto el primer día de clases, no sólo para estrenar todo lo que constituía el equipo de estudiante del grado correspondiente, sino para saber quienes iban a ser nuestros compañeros de curso, si nuestros viejos compinches continuarían en nuestro mismo salón, o si maestros y/o padres habrían decidido cambiarlos de aula o de colegio. Quienes iban a ser los nuevos torturadores de turno (léase profesores) y quien el director de grupo, para tener una idea vaga de lo que nos esperaba en esos diez meses restantes. Queríamos saber si venderían nuevas golosinas en la cooperativa del colegio a la hora del recreo y en fin, había muchas expectativas y definitivamente nuevos y grandes propósitos. Nos prometíamos levantarnos temprano, ser mas limpios y ordenados, realizar todas esas tareas que como niños grandes entendíamos que nos correspondían. Iniciábamos brillantemente el nuevo año llenos de ilusiones, de motivación, de promesas y determinados a mantenernos firmes en ellos.



Mucho de eso ha cambiado. Ya no nos esperan los deberes escolares, ni tenemos a nuestros padres detrás nuestro recordándonos a diario lo que debemos y no debemos hacer. Nos hemos convertido en padres y muchos también en abuelos, y seguimos, sin embargo, empezando el año haciéndonos nuevos propósitos, seguros de que el nuevo año será más prospero, que haremos mejor las cosas, que algunos de nuestros malos hábitos quedarán en el pasado y que seremos capaces de re-emprender el vuelo con mas bríos, enfrentando nuestro destino por los próximos meses, llenos de buena energía y de confianza en nosotros mismos. Tengo la certeza de que muchos de esos nuevos proyectos de vida se realizarán. Cada día, de seguro, algo lograremos hacer que nos permita sentir la sensación de que transitamos el camino correcto y que estamos creciendo y convirtiéndonos en los seres humanos que cada uno de nosotros quiere ser. A todos mis amigos muzulmanes les deseo muchos éxitos en el logro de tan buenos propósitos. Ya no tenemos razones para desconfiar de nuestras capacidades. Hemos crecido lo suficiente y ese niño desvalido y lleno de temores e inseguridades que alguna vez quizás fuimos, está respaldado por un adulto maduro e inteligente, capaz de tomar decisiones y de asumir el timonel de la existencia. Mucha suerte, mucho animo y que ojalá descubramos todas las preguntas que necesitamos hacernos.... !!!!



Me impacto el bailarín y su atuendo

 Imposible olvidar a Serrat y todas estas canciones
Mi Niñez
Barquito de Papel