sábado, 25 de febrero de 2012

Inolvidables dias de Colegio


Ximena Diaz - Kinder en Sta Maria Goretti (Srta. Aurita)


Podria decir con certeza que casi todos los dias de nuestra infancia estaban llenos de grandes expectativas, pero los finales de enero y  comienzos de febrero, tenian un especial encanto por ser los ultimos dias de vacaciones y al mismo tiempo porque sentiamos la proximidad de nuestro regreso al colegio. Por esos dias nos ibamos llenando de gran optimismo y nuevos propositos; llenos de energia y muy bien puestecitos, llegado el dia, nos disponiamos a empezar el nuevo año escolar.



Mucho se podria escribir sobre esos dias de colegio, que se iniciaban cuando con algunas excepciones, desfilabamos temprano hacia nuestros respectivos colegios y escuelas recien desayunaditos e impecables. Un dia supe por ejemplo, de una niña que aprovechando la ocupacion de sus padres y evadiendo las reglas de higiene y urbanidad, sin el menor recato, se enfundaba muchas veces el uniforme, manteniendo la pijama debajo, se cogia una moña, sin siquiera desenredar el pelo y  sin cepillarse ni los dientes, llegaba muy campante a su colegio.  Los niños salian peluquiados con sus cortes estilo Humberto, o con la inolvidable Shuller, dependiendo del criterio mas o menos estricto de padres y maestros, y las niñas, con el cabello corto bien peinado, o con colas de caballo y trenzas bien templadas y amarradas. Habiendo pasado las correspondientes revisiones de orejas y uñas, de nuestros uniformes bien planchados, medias inmaculadas y zapatos embolados con sus correspondientes cordones, eramos despachados con las recomendaciones del caso, para regresar horas mas tarde con todo este inventario completamente en desorden, dando testimonio de las deliciosas jornadas escolares, en las que lo que mas disfrutabamos eran los recreos y la salida de clases. 

Las medias que en la mañana hacian juego con el blanco de los puños y cuellos de las camisas, en muchos casos hasta almidonadas, parecian medias mutantes que cambiaban su color por un gris o amarillo tierroso, si no resultaban “comidas”.  Durante nuestras horas de juego, estas medias poco a poco iban desapareciendo como por arte de magia, y al final resultaban enrolladas dentro de los zapatos, que eran los que parecian devorarlas mientras nos manteniamos distraidos y sumergidos en el juego.  

Los bluejeans que salian recien lavados y planchados en las mañanas, despues de los partidos de futbol y demas juegos, regresaban con las rodillas verdes, cuando no resultaban con uno que otro roto. En correspondencia, los delantales de las niñas, regresaban de un color completamente diferente al que tenian al salir de casa. No habia recomendaciones ni castigos suficientes, para evitar que accidentes como los chorriones de tinta, marcas de esfero, o los rastros de lo comido, se notaran en nuestra indumentaria diaria. En estos dias, ni el mas pesado castigo habria podido limitar nuestras horas de diversion, de soñar despiertos y de compartir con amigos y compañeros toda clase de juegos y pilatunas.



Por esta epoca aprendimos que mantener la presentacion personal, con el uniforme adecuado, no era solo responsabilidad de los padres;  ademas del trabajo de ensuciarlos todos los dias, tambien nos correspondia el de ayudar en su limpieza. Recuerdo que los tenis, que eran mis zapatos favoritos, habia que limpiarlos y mantenerlos blancos a punta de lo que fuera. Para estos efectos se utilizaban el Blanco de España o el Griffin que aparecio posteriormente, y que obviamente era mas costoso. Ni hablar de los zapatos de diario, cuyo mantenimiento se convertia en una pesadilla para todos, porque usualmente era muy dificil lograr que sobretodo las puntas, permanecieran con sus colores negro, cafe o azul. Poco a poco iban revelando el color original del cuero, a golpe de patadas y roces contra el pavimento y las piedras. En muchas ocasiones, los zapatos se terminaban primero por encima que por debajo. Ademas, el pie crecia tanto, que bastaba con que alcanzaran para el semestre y en el mejor de los casos, para el año escolar completo o para “heredarselos” al hermano menor, cuando se trataba de niños mas cuidadosos. En mi casa, eso nunca se logro. Finalizando el año, todos terminabamos con “chagualos” en vez de zapatos.




Recordando esos lejanos dias, vienen tambien a mi mente, como quien regresa de una madrugada de pesca con unas redes cargadas, las imagenes de todos esos implementos que a diario conformaban los utiles escolares de nuestra epoca y que fueron desapareciendo para las nuevas generaciones....La Cartilla Charry, La Alegria de leer, entre algunos de nuestros primeros textos escolares, junto con el Catecismo del padre Astete y la Urbanidad de Carreño. 



Los cuadernos marca Norma o Cardenal que eran de 20, 50, 80 y 100 hojas. Estos ultimos solo usados cuando uno era lo suficientemente grande y convencia finalmente a los padres de que estos gruesos cuadernos eran importantes para nuestro rendimiento escolar. El abaco para el aprendizaje de las operaciones basicas y para la multiplicacion las tablas se memorizaban de las que venian impresas en la pasta de los cuadernos, junto con el Himno Nacional y algunos otros datos que resultaban de cierta utilidad.






Usabamos tambien el cuaderno de dibujo y el famoso cuaderno ferrocarril que era el terreno de ejercicio para la caligrafia.  Los primeros trazos se realizaban con lapiz y posteriormente, cuando las destrezas eran mayores, se pasaba al portaplumas y al tintero.  El manejo de la tinta Pelikan o Titan y plumas y portaplumas, desde luego, eran cosa de grandes. La tinta china y las plumillas venian mas adelante en bachillerato, cuando teniamos que hacer albumes de Anatomia y mapas. No puedo olvidar lo intimidante que resultaba para mi, ver esas paginas en blanco para ser llenadas con trazos friamente calculados, evitando las manchas y el uso de los secantes o de la tiza, en esos dias de la tinta y el portaplumas.  Años mas tarde, cuando llego la era del boligrafo, estas angustias felizmente se terminaron.



Otro asunto eran los forros de los cuadernos; primero se usaba el papel milano de colores y luego el plastico, que llego posteriormente.  No se usaban ni la cinta pegante, ni otros pegamentos como el Colbon. Utilizabamos la goma arabica que venia en cristales que se disolvian con agua caliente, o cuando habia mayores recursos, se compraba el frasco de goma que ya venia liquida en su correspondiente frasco con la tapa de caucho a la que habia que hacerle una hendidura para poder utilizarlo apropiadamente. Para proyectos grandes, se usaba el engrudo, que era fabricado en forma casera con agua y harina de trigo o maizena cocida.

Habia otros utiles que poco a poco fuimos aprendiendo a utilizar como la regla, tan bien manejada por algunos maestros como herramienta de castigo, y que era necesaria para hacerle las margenes a los cuadernos, con el lapiz rojo, con el que ademas se escribian los titulos. No existian en nuestra epoca los marcadores. Los lapices de colores con los que nos iniciabamos en el arte del dibujo y el coloreado, eran cajitas de seis lapicitos marca Recreo que eran los mas economicos; posteriormente vendrian los Prismacolor, cuando eramos grandes, o habia mas recursos en la casa. La escuadra, el transportador y el compas, eran implementos que requerian ciertos conocimientos y habilidades mas avanzadas y todos mirabamos con ansiedad el dia en que nos permitieran usarlos. Los primeros borradores que tuvimos eran los de leche, que una vez aprendiamos el manejo de la tinta o los boligrafos, eran sustituidos por las barritas grises y blancas que todavia hoy existen. La alistada de la maleta antes de acostarse, era otra de las responsabilidades que uno tenia, cerciorandose de que iba todo completo, incluyendo las tareas correspondientes, otro de los puntos que ocasionaron multiples bochornos en mi casa y seguramente en muchas de las de mis amigos y vecinos. Los dias mas angustiosos de la semana eran los domingos en la noche...creo que sobran las palabras y comentarios a este respecto.



 Las loncheras, eran otro tema aparte. En los primeros años las amabamos. Era una delicia llevar lonchera y termo. En mi caso, el termo fue un lujo que llego tardiamente. A nosotros nos tocaron las cantimploras plasticas, que con los dias, iban tomando un olor que las hacia inutilizables. Daba verguenza destaparlas en publico, especialmente cuando su contenido, por muy nutritivo que fuera, se convertia en un liquido fermentado, espumoso y francamente desagradable y maloliente que hacia que terminaramos regresando a la casa con ellas intactas, o como haciamos en muchas oportunidades, nutriendo con ellos las plantas que crecian en los jardines del vecindario. Era imperdonable regresar a la casa con parte del contenido de la lonchera.




 Posteriormente, llevar lonchera era una definitiva verguenza!!! No hallaba uno la hora de estar “grande”, para que le empezaran a dar unas pocas monedas a cambio de esa pesada y aburridora lonchera, llena de comida nutritiva. Era mas rico poder comprar golosinas y chucherias en la cooperativa del colegio o en las tiendas aledañas. Finalmente el control de las porquerias que nos comiamos, estaba en nuestras manos!!!! Eramos libres de elegir lo que comeriamos a la hora del recreo o a la salida del colegio, cuando ademas de contar con esos centavos, terminabamos echando mano de la plata del bus y aventurandonos despues a depender del azar y de la generosidad de las personas mayores que terminaban dandonos para completar lo del bus de regreso a casa.

Cada paso de esa transicion de pre-escolares a niños de primaria y de estos a estudiantes de bachillerato, nos trajeron alegrias y tristezas, emociones y desengaños; fueron causantes de premios y castigos, de soberanas palizas y reprimendas, pero todos finalmente fueron parte de ese pasado que vivimos, superamos y disfrutamos al lado de hermanos y vecinos, compañeros de clase y toda esa gama de compinches que contribuyeron a nuestra formacion o deformacion, pero definitivamente se constituyeron en dias inolvidables.   





 En el pais de no me acuerdo - Maria Elena Walsh

sábado, 21 de enero de 2012

El secreto de Hugo



“Secreto de dos, secreto de Dios, secreto de tres, de todos es.”  Asi nos decia mi abuela de cuando en cuando, si nos encontraba a mi hermana Myriam y a mi por ahi en algun lugar de la casa cuchicheando. El versito me quedo muy bien grabado en la memoria y lo comprendi perfectamente desde entonces; con el paso del tiempo y la salida de mas canas, voy dandome cuenta de lo importante y saludable que es evitar mantener secretos porque tarde o temprano se descubren. Cuando alguien me dice voy a contarte algo pero es un secreto, le respondo: mejor no me lo cuentes, porque si es secreto, de pronto a mi se me escapa y termino revelandolo. Asi me libre del compromiso de guardar secretos y me siento libre de soltar la lengua cuando me convenga. No soy de fiar...

Hay por ejemplo, grandes secretos de estado, que con toda la reserva que se pretende mantener alrededor de ellos, nunca falta el espacio por donde se filtra la informacion (tenemos recientemente el caso de Wikileaks) y terminan saliendo a la luz publica datos y documentos insospechados y se viene abajo la credibilidad de muchas personas e instituciones.




Igualmente ocurre  con los secretos de familia, que con el pasar de los dias se convierten en poco saludables y si se quiere toxicos, pues tienden a auspiciar relaciones insanas y ambientes de desconfianza y recelo; cuando se revelan, resulta mucha gente involucrada y por ende damnificada. Es muy frecuente que estos secretos esten relacionados con abusos infantiles, incestos, relaciones extra-matrimoniales e hijos producto de infidelidades, una serie de situaciones, que por complicadas que sean, siempre es mejor enfrentarlas cuando los implicados aun estan vivos, por si es necesario hacer aclaraciones, rectificaciones, y llegar al perdon.  Esto es algo importante en la vida, para procurar enmendar de alguna manera los errores cometidos; no hay quien escape a la necesidad de dar y recibir el perdon. Cualquiera que sea la verdad, es mejor enfrentarla mas tarde que nunca, y yo sigo convencida de que esto es mucho mas sencillo, que pretender sostener una mentira o mantener un secreto indefinidamente. Tarde o temprano, dicen por ahi, la verdad sale a la luz.


Ximena y George - Cortesia Familia Caro

Hay otra clase de secretos, los de amor, que tienen que ver con esos sentimientos que se han mantenido, si no ocultos, por lo menos no manifiestos, cuando se trata de esos amores platonicos que tambien muchos seres humanos hemos tenido alguna vez en cualquiera de las etapas de nuestra existencia. Hay quienes se enamoran en la infancia de algun vecinito, de su primera maestra o de algun profesor que quizas represente una figura materna o paterna, cuando aun estamos en ese proceso de resolver el famoso conflicto edipico. Hay otros amores platonicos en la adolescencia, cuando los muchachos se enamoran de la maestra de las buenas piernas o con alguna parte prominente de su figura femenina, o las muchachas de ese profesor de educacion fisica de cuerpo atletico, brazos fuertes, o que se yo. Esos amores obedecen un poco a ese arrebato hormonal que ocurre en esta etapa de la vida. Mas adelante hay quienes se enamoran de algun imposible, como cuando el ojo se desvia y se incurre en ese mandamiento que señala el no desear la mujer del projimo (menos mal que a nosotras las mujeres se nos dio el beneficio de poder echarle ojo al vecino, porque el mandamiento nunca dijo algo sobre no desear al hombre de la projima).

Cuando de la sola atraccion o del enamoramiento no se pasa a mayores, el secreto termina siendo con el tiempo, apenas un grato y simpatico recuerdo del que nos reimos y podemos hacerlo publico en cualquier momento de la vida, cosa que no ocurre cuando las cosas se enredan y surgen acciones perjudiciales para todos los implicados. No es este el caso del secreto que quiero ahora hacer publico, porque aqui no hubo damnificados. Y en todo caso, aun sin saberlo, el primer involucrado se llevo el secreto a la tumba.



Habia en la historia que recuerdo del barrio, un par de hermanos a quienes yo reconocia solo de vista. Uno alto, delgado, trigueño, y el otro mas blanco, tambien delgado, pero mas bajito.  Sus nombres yo los sabia, pero nunca supe cual era cual. Uno, Hugo Hernando y el otro Luis Edmundo. Se trataba de los hermanos Ruiz, vecinos de los Pinzon. Apenas hace unos dias, comentando con pesar el fallecimiento de Hugo y recordando anecdotas con mi hermana Myriam y con Memo Gomez, mi cuñado, surgio el tema de la “relacion secreta” que en mi infancia tuve con uno de ellos. La sorpresa para mi fue al descubrir que quien habia fallecido habia sido el hombre de mi idilica historia y no su hermano Edmundo, quien yo suponia era el protagonista de este amor fallido. Con todo respeto a el y a su familia, a manera de homenaje a ese amor de mi infancia, quise revelar publicamente la anecdota, que ya al mismo Hugo se la habia contado por este medio, sin saber entonces, que estaba hablando con el mismisimo protagonista. Apenas en tono de chiste, le conte mi secreto de amor, que el sin pista alguna escucho, ya que su memoria en ningun momento conecto con el incidente y solo me hizo un par de preguntas; el no recordaba ni mi nombre, ni la calle donde yo vivia. Ahora, de alguna manera, se fue con “nuestro secreto” a la tumba.



La historia empezo cuando yo tenia unos nueve o diez años. Por el  frente de mi casa veia pasar con alguna frecuencia a un muchacho alto, delgado, y para mi, atractivo, que usaba jeans ajustados y camisas a cuadros. Habia algo en su personalidad, en su forma de actuar, de caminar, que a mi francamente me gustaba. Lo veia pasar a veces solo, otras con el grupo de amigotes con los que siempre andaba y sabia que vivia no muy lejos de mi casa. Mi inocencia infantil sin embargo, no me permitia mas que admirarlo y verlo pasar siempre de largo, mientras yo observaba todos sus ires y venires. Ocurrio un buen dia, que estando yo jugando al frente de mi casa con otros niños vecinos, paso el con su “gallada” de siempre y se pararon en la esquina a conversar. Yo, como de costumbre, notaba su presencia, pero esta vez me sorprendio. Ahi delante de sus amigos, sin saber siquiera mi nombre, me miro y me llamo: “Oiga Peladita...venga un momento.”  Cuando yo, como un tomate y absolutamente invadida por la timidez, me le acerque siguiendo su llamado, me dijo: “Cierto Peladita que usted y yo vamos a ser novios cuando usted tenga quince años?”  Sus amigos apenas se reian, y yo sorprendida pero jubilosa por esa declaracion de amor anticipada cinco años, respondi con un SI rotundo, mientras mi mente infantil no terminaba de procesar las implicaciones del haber empeñado mi palabra tan facilmente. Por supuesto que esta historia permanece en la inocencia de mis recuerdos de infancia como algo inolvidable, pues en ese instante, yo si crei absolutamente que el y yo ibamos a ser novios algun dia que jamas llego. Creo que mantuve viva mi ilusion por un par de años, pero por supuesto, cuando llegue a los quince, habia olvidado mi promesa de amor y el la suya.  Despues de cierto tiempo, no lo volvi a ver, cuando supongo que su familia se fue definitivamente del barrio. Fue solo cuando el aparecio en esta pagina de los muzulmanes, que retorno el recuerdo de ese amor inocente de mi infancia y se lo relate a el, pensando que habia ocurrido con su hermano Edmundo. Yo sencillamente tenia confundidos los nombres!!!
En mis memorias de infancia quedara para siempre mi recuerdo de Hugo Hernando, a quien ya puedo colocarle el nombre propio...


Amor infantil - Paul Anka

Cancion de las simples cosas - Mercedes Sosa

sábado, 7 de enero de 2012

Las Cabañuelas



En los tiempos de nuestra infancia, (érase una vez...) cuando pasaban las Cabañuelas, era cuando verdaderamente se consideraba que empezaba a andar el nuevo año y la vida retornaba a la “normalidad”. Para los muzulmanes de las nuevas generaciones, aclaro, las cabañuelas correspondían a los doce primeros días del mes de enero, que determinaban, según esas viejas tradiciones de los abuelos, cual iba a ser el clima reinante en cada mes del año. Entre lo que anunciaban las Cabañuelas y el Almanaque Bristol, uno sabía por anticipado lo que ocurriría el resto del año. Con la modernidad y los avances tecnológicos, hay métodos nuevos, y seguramente mas asertados, para predecir el clima; aún así, nos encontramos hoy en día con esos fenómenos del Niño, de la Niña y tantos otros, que nos producen desconcierto y sensación de impotencia frente a los fenómenos naturales.  



Desconcierto también era lo que sentíamos al llegar esta época de las Cabañuelas y saber que iban quedando atrás los desordenes de las Navidades, que en la casa se iba  retornando a la cotidianidad y que las tan queridas vacaciones, rápidamente  iban llegando a su fin; que había que  empezar a pensar en el futuro inmediato, el nuevo año escolar. Nuestros padres veían como una pesadilla los gastos que se avecinaban con el ingreso de los muchachos de nuevo al colegio. Las matrículas, las pensiones, los uniformes nuevos, (los viejos pasaban al hermano que seguía en turno), las listas de útiles e inútiles, que en ese entonces no eran tan largas como las de hoy en día, el pago del transporte escolar para los que lo iban a necesitar y en fin, el año empezaba con sus respectivos dolores de cabeza para los padres y los mayores.



Para uno, sin embargo, era todavía el tiempo de las vacaciones. Eran esos últimos días los que se saboreaban con mayor deleite, como cuando bebe un delicioso jugo de fruta fresca y ve como poco a poco, el contenido del vaso va consumiéndose. Esos últimos sorbos son los más sabrosos o 'saboriosos', como dice por ahí una amiga mía... Así mismo, los últimos días de las  vacaciones resultaban cortos, para toda esa cantidad de cosas que soñábamos realizar antes de que llegaran los tiempos de las tediosas tareas, de las mayores responsabilidades, con esa historia que nos echaban de que ya tu estás más grandecito(a) y que había que asumir la correspondiente conducta con estoicismo y sacando pecho. Pues así, esos últimos días, sabían a gloria.


Generalmente, en esa época todavía se prolongaban las tardes de verano bogotanas y, en su mayoría, en el vecindario, eran ocupadas en esos juegos que todos recordamos con especial cariño. Además de las jugadas de tarro, escondidas, soldados libertados, de partidos de fútbol y muchos más, venía la temporada en la que nos preparábamos también para el inicio del nuevo año escolar y nos llenábamos de nuevos propósitos. Era estupenda esa época en la que las grandes preocupaciones que teníamos, consistían en decidir de qué color íbamos a forrar los libros y cuadernos, cual iba a ser la nueva maleta que llevaríamos, si continuaríamos llevando lonchera, o si por estar mas grandes, ya se nos permitiría manejar algún dinerito para las onces. Nos preocupaba cómo íbamos a vernos con el uniforme nuevo, o los que habíamos concluído la primaria, cómo haríamos para dejarle saber al resto del mundo que ya estábamos en bachillerato!!!  




Eran esos, sin duda y a pesar de todo, días maravillosos para nosotros y para los dueños del Baratillo, el Jar, las tiendas y demás negocios y misceláneas, que se surtían de toda clase de útiles e implementos para la temporada. Los juegos del día y las preocupaciones que mencionábamos, eran los que ocupaban mayormente nuestra mente durante los últimos días de las vacaciones. Y entonces, en medio de ese movimiento que se producía con el comienzo del nuevo año, surgían nuestros buenos propósitos, que con el transcurrir del tiempo, muchos irían quedando en el rincón de la memoria donde guardábamos las promesas incumplidas que nos hacíamos cada año, como esa de ser niños obedientes y más aplicados, por ejemplo. Ese último adjetivo se me escapa ahora de los laberintos de mi mente y reaparece, porque no había vuelto a escucharlo. Creo que ese vocablo cayó en desuso como tantos otros.... Pero, y que era ser aplicado? Se que todos lo podríamos definir, pero realmente no eran muchos los que llegaban a serlo. En todo caso, nos prometíamos a nosotros mismos ser más juiciosos (otra palabra rara), hacer todos los días las tareas, llevar los cuadernos al día sin arrancarles hojas, cumplir con los horarios de clase, olvidarnos de hacer trampas, mucho menos pensar en capar clases y todas esas fechorías que nos colocaban en el blanco de los castigos paternos y de las autoridades escolares.



En fin, ser aplicados, juiciosos y obedientes, eran algunas de nuestras metas al comenzar cada año escolar. La moda de los calendarios A, B y C, vino después, pero en ese entonces, era en Febrero cuando generalmente ingresábamos al colegio. Esa ambivalencia de emociones entre la tristeza por la culminación de las vacaciones, se combinaba con la ansiedad porque llegara pronto el primer día de clases, no sólo para estrenar todo lo que constituía el equipo de estudiante del grado correspondiente, sino para saber quienes iban a ser nuestros compañeros de curso, si nuestros viejos compinches continuarían en nuestro mismo salón, o si maestros y/o padres habrían decidido cambiarlos de aula o de colegio. Quienes iban a ser los nuevos torturadores de turno (léase profesores) y quien el director de grupo, para tener una idea vaga de lo que nos esperaba en esos diez meses restantes. Queríamos saber si venderían nuevas golosinas en la cooperativa del colegio a la hora del recreo y en fin, había muchas expectativas y definitivamente nuevos y grandes propósitos. Nos prometíamos levantarnos temprano, ser mas limpios y ordenados, realizar todas esas tareas que como niños grandes entendíamos que nos correspondían. Iniciábamos brillantemente el nuevo año llenos de ilusiones, de motivación, de promesas y determinados a mantenernos firmes en ellos.



Mucho de eso ha cambiado. Ya no nos esperan los deberes escolares, ni tenemos a nuestros padres detrás nuestro recordándonos a diario lo que debemos y no debemos hacer. Nos hemos convertido en padres y muchos también en abuelos, y seguimos, sin embargo, empezando el año haciéndonos nuevos propósitos, seguros de que el nuevo año será más prospero, que haremos mejor las cosas, que algunos de nuestros malos hábitos quedarán en el pasado y que seremos capaces de re-emprender el vuelo con mas bríos, enfrentando nuestro destino por los próximos meses, llenos de buena energía y de confianza en nosotros mismos. Tengo la certeza de que muchos de esos nuevos proyectos de vida se realizarán. Cada día, de seguro, algo lograremos hacer que nos permita sentir la sensación de que transitamos el camino correcto y que estamos creciendo y convirtiéndonos en los seres humanos que cada uno de nosotros quiere ser. A todos mis amigos muzulmanes les deseo muchos éxitos en el logro de tan buenos propósitos. Ya no tenemos razones para desconfiar de nuestras capacidades. Hemos crecido lo suficiente y ese niño desvalido y lleno de temores e inseguridades que alguna vez quizás fuimos, está respaldado por un adulto maduro e inteligente, capaz de tomar decisiones y de asumir el timonel de la existencia. Mucha suerte, mucho animo y que ojalá descubramos todas las preguntas que necesitamos hacernos.... !!!!



Me impacto el bailarín y su atuendo

 Imposible olvidar a Serrat y todas estas canciones
Mi Niñez
Barquito de Papel

sábado, 31 de diciembre de 2011

El Mandala del 2011

Feliz año

Muchos son los rituales que a lo largo de nuestras vidas hemos visto realizar o hemos efectuado cuando, como en este dia, damos por clausurado un año mas de nuestro paso por esta dimension. Muchas veces me he preguntado a que se debe ese empeño del ser humano en llevar cuentas, en ese ejercicio de cerrar ciclos, para abrir unos nuevos y creo que tiene que ver con ese acto de recordar el retorno de los ciclos de la naturaleza. Algunas veces me han parecido entre absurdas, ridiculas y divertidas, hasta logicas, sanas y magicas, esas practicas que cada quien, siguiendo sus tradiciones, o inventando unas nuevas, realiza al culminar el año y al aproximarse las doce de la noche del dia 31.
En mi infancia, no recuerdo otra cosa especial que se hiciera en mi casa el 31, que no fuera dormir. Mis padres eran poco sociables y menos aun, dados a esas practicas, que a su modo de pensar eran perdida de tiempo, de dinero y de sueño. Con el paso de los años, me fui viendo involucrada en estas celebraciones y llegada la adolescencia, eso de estar despierto a la medianoche del ultimo dia del año, me entusiasmaba y se me hacia cosa de gente adulta, razon por la que me motivaba mas el permanecer activa hasta esas horas. Siendo ya adulta, la cosa fue tornandose algo mas compleja y ese dia, la actividad se multiplicaba. Habia que poner en juego nuestras destrezas sociales para combinar los elementos a nuestro alcance y darle a ese cierre del año, quizas aun sin pensarlo, un significado de union, de camaraderia, de solidaridad y se incluia entonces en el festejo, cuanto elemento hubiera a nuestra disposicion. Compartiamos y repartiamos a diestra y siniestra besos, abrazos, baile, cigarros, licores, comida, emociones y en fin, el asunto era dejar salir nuestra creatividad y desahogarnos de las angustias y las tensiones que dejaba el año viejo, para salirle al encuentro al año siguiente llenos de buena energia, y en muchos casos, casi privados de la consciencia, por el efecto de lo que se consumia. Año tras año, la vida fue dejando su huella, o, sera mejor decir, fuimos dejando nuestra huella en el camino de la vida y asi, llegamos a este nuevo final donde la vida nos permite iniciar otro ciclo y nos preguntamos...que ira a ser del nuevo año?  Que sorpresas tendremos con el devenir de los dias que ya llegan?



Hoy evocando un poco todos esos ciclos transcurridos, se me ocurre que este final del 2011, podria ser el momento ideal para ahora si, de manera saludable y con nuestra mente aun sin el efecto de alterantes de nuestra consciencia, con los ojos abiertos o cerrados, podamos recorrer el 2011, dia tras dia mentalmente, como en una especie de meditacion, elaborando nuestro mandala y dandonos cuenta de que al llegar al circulo ultimo y observando desde nuestro microcosmos, hasta el circulo exterior, el del macrocosmos, podamos ir deshaciendo ese mismo mandala grano por grano, dia tras dia, dejando atras cada uno de ellos con todo lo que represento, como un ejercicio interior de despedirnos de todo cuanto esos dias contuvieron. Nuestras alegrias y nuestras tristezas, los dias de angustias y de preocupacion, los de calma y sosiego. Los momentos de dolor y sufrimiento, junto con los placenteros y agradables. Despedir a los seres que nos acompañaron y que ya no estan por las razones que sea y despedirnos de nuestras emociones positivas y negativas. Dejar atras los rencores y resentimientos, tanto como las horas de jubilo y de regocijo. Y finalmente, al deshacer el ultimo dia, con los ojos bien abiertos y nuestra mente completamente alerta, nos encontremos con un espacio en blanco para ser llenado de la forma que mejor nos resulte posible, permitiendonos pensar en todas las posibilidades infinitas de crecimiento humano que llegan con el nuevo año. Que luego podamos visualizar la magia de los colores en los dias venideros, para que podamos iluminar esas posibles zonas oscuras que sin duda encontraremos y que la sabiduria brote de nuestro interior, para que el nuevo año sea un mandala nuevo que diseñemos con lo mejor que tengamos dentro de nosotros mismos.

Ruego porque no abandonemos el sentido del humor a la hora de enfrentarnos a los dias sombreados, que el conocimiento que hemos adquirido nos permita comprender que de la luz a la sombra hay tanto que recorrer, como de la sombra a la luz y que ese arco iris multicolor en el que se transforme nuestro nuevo año, al finalizar el conteo el proximo diciembre, nos reuna de nuevo y nos convoque para compartir nuevos aprendizajes.



Y ahora si.....que se enciendan las luces, la musica y se prepare el vestido de la noche. Propongo que compartamos e inventemos nuevos rituales para recibir con alegria el 2012 y que despidamos con todos los honores, este 2011, que de seguro no ha sido facil para nadie. Llego la hora de comprar las uvas, de preparar la ropa interior amarilla, de alistar la maleta para salir corriendo alrededor de la cuadra, de echar el huevo en el vaso de agua, de sacar la escoba nueva, de instalar la mata de sabila en el lugar apropiado, de encender las velas blanca, morada y amarilla, de prenderle la veladora a San Judas (el santo de lo imposible) o poner de cabeza a San Antonio (el que le consigue pareja a los que no la tienen). Llego la hora de rociar con agua bendita la casa, de bañarse con agua de canela; la hora de ensartarle un alfiler al billete de mayor denominacion y demas practicas que nos alegran la noche del año viejo.
Aqui va el ritual que yo propongo:  faltando cinco pa las doce, en vez de correr a la casa a besar a mi mama, apagar la musica, apagar la luz, cerrar los ojos y.....no, nada de dormirse. Meditar en silencio por esos minutos abrazarnos a nosotros mismos, abrazar nuestros dolores, nuestros problemas y prometerles que pondremos nuestro empeño en resolverlos, en querernos mas y en perdonarnos por las equivocaciones cometidas y a cambio, abrazar el aprendizaje que hemos obtenido de nuestras equivocaciones. Abrir los ojos, prender las luces, colocarnos de espalda a una ventana y tirar hacia afuera y sin voltearnos, doce monedas, una por cada mes del año, luego, rapidamente despachar las doce uvas y para finalizar, abrazar a doce pesonas y desearles todo lo mejor que podamos. De ahi en adelante...corre por cuenta del anfitrion.....FELIZ AÑO para toda la muzulmanidad!!!!!



Y para finalizar, estas joyas de antaño, que con seguridad nos pondran en contacto con nuestras emociones....Salud y bienestar!!!!

 




Perdon por no colocar el tradicional, pero este corto video me parecio interesante

martes, 13 de diciembre de 2011

Llego Diciembre con su alegria!!!!



“Llego Diciembre con su alegria, mes de parranda y animacion...”  Quien de nosotros no recuerda las epocas decembrinas en el barrio de nuestra infancia????  La cosa se prendia con los faroles y las velitas. Ni mencionemos la quema de llantas, que contribuia sin que lo supieramos en ese entonces, a la contaminacion ambiental. Luego los dias parecian no correr rapido, mientras en cada casa se desempolvaba la caja que contenia los muñecos del pesebre y se conseguia el musgo, la lama, los quiches, que tambien en esa epoca, era muy natural arrancarlos de los montes aledaños. No eramos conscientes del proceso de deforestacion y del daño ecologico que se hacia, pero lo cierto es que aparecian por la epoca los vendedores de costalados de musgo, que con este rebusque, se hacian a su Navidad. 




Poco a poco en las casa se decidia cual era el rincon para armar el pesebre, y finalmente surgian las ideas sobre como hacer las casitas, donde colocar el lago, donde el pesebre con el burro y el buey, San Jose y la Virgen, por donde debian llegar los Reyes Magos y en fin, el trabajo de armada del pesebre, al menos en mi casa, no concluia hasta que se acababan las vacaciones, ya muy entrado el mes de enero, cuando se recogia el mugrero que quedaba con el musgo reseco y las casas de carton desvencijadas o definitivamente destrozadas, despues de tanto trastearlas de un lado a otro durante todo el mes. Todos los dias, alguno de nosotros tenia una mejor idea de donde ubicar cada figura, y en ocasiones, estas decisiones eran causantes tambien de conflictos familiares; pero aun  asi, nos entreteniamos largas horas cambiandole la cara a nuestro pesebre, unas veces con luces, otras con papel cristal y espejos que en nuestras manos se convertian en cascadas y manantiales, o en lagos fantasticos donde reposaban disfrutando el panorama, cisnes de plastico multicolores y otros animales que en medio de nuestros pesebres lucian muy bien, sin que repararamos para nada en si sus tamaños correspondian o no a las escalas normales, al igual que la figura del Niño Dios, que en ocasiones podia llegar a ser el doble y hasta el triple del tamaño de la Virgen o de San Jose.  Los camellos y elefantes, ovejas, burros y perros, gatos y pollos, todos convivian en paz en esos pesebres fabulosos que deleitaban nuestras tardes de vacaciones decembrinas.


Pero los farolitos y las velitas y la armada del pesebre, no eran todo; luego venian las famosas e inolvidables novenas bailables!!!!  Fue en esas novenitas, donde inocentemente fuimos aprendiendo a dar nuestros primeros pasos de baile entre machacones y resbalones, tomados de la mano de nuestro parejo de turno.  Las novenas se iniciaban obviamente con la rezada de la Novena, la cantada de villancicos, con un repertorio maravilloso de canciones que entonabamos sin entender muchas veces algunas de sus mismas letras y estribillos, pero que todos al son de panderetas, maracas o cualquier tapa de olla que pudiera hacer ruido, se transformaban en instrumentos acompañantes y asi se daba por concluida la primera parte del programa de cada noche.



A continuacion, se repartian algunos comestibles, que cada familia se esmeraba en preparar para ofrecer a los asistentes (no puedo dejar de pensar en los que para mi eran "manjares", como las galletas Saltinas con mantequilla y mermelada de mora!!!) y una vez satisfecha el hambre de alguna manera, se daba inicio al bailoteo, que podria durar hasta las once, la medianoche y hasta mas, dependiendo del nivel de tolerancia al ruido del dueño de casa.
De esta manera, pasabamos del 16 de diciembre al 24, esperando dia tras dia para saber donde iba a ser la novena de la noche y confiando en que nuestro comportamiento en casa hubiera sido lo suficientemente aceptable, para que en la tardecita, nuestros padres nos dieran el permiso de asistir.  Apostabamos los Aguinaldos y entre novena y novena, el Si y el No,  Pajita en boca, y tantos mas, muchos romances se fueron fraguando y surgieron los primeros besos y las primeras cogidas de mano, entre las melodias de los Corraleros de Majagual, Los Melodicos y todos esos grupos que ya se me enredan en la memoria.




Esos dias pasaban demasiado rapido. Se que muchos hubieramos deseado que la novena durara todas las vacaciones!!!! Pero eran tan solo unos dias.  Luego venia la Nochebuena y era la que todos esperabamos con mas ansiedad. En las casas se preparaban comidas especiales, buñuelos, natilla, empanadas, postres, y un sinnumero de platos que no eran los de todos los dias.


Familia Berrio y vecinos Diciembre 25


Llegaba por fin el dia 25 y ese era el dia de salir estrenando los atuendos recibidos en la noche anterior. Era el dia esperado para salir a compartir con los amigos del vecindario los regalitos que recibiamos y ese desfile matutuino de los 25 de diciembre, para mi gusto, no es comparable con esos majestuosos desfiles y paradas que organizan en ciudades grandes como New York, haciendo grandes derroches de todo. No, alli en el barrio, el derroche era de inocencia, de alegria, de fraternidad.  Compartiamos nuestros muchos o pocos juguetes con los vecinos y esas mañanas quedaron en mi memoria y se que en muchas de las de mis amigos muzulmanes, como de las mejores de la vida.  En las tardes, algun paseo habia planeado, fuera a visitar amigos o parientes, o a alguno de esos clasicos lugares donde se podia llevar la olla con las papas saladas y demas ingredientes del almuerzo del dia.




Los dias siguientes eran la prolongacion de esa alegria y la esperada del fin de año. Todos ellos, acompañados del olor y el sonido de la polvora, los triquitraques, buscaniguas, totes, volcanes, luces de bengala y demas cohetes y voladores, que ocasionaron tambien muchas lagrimas. De esta parte quisiera olvidarme, pero vale la pena tambien recordarla. 




Y finalmente llegaba el 31, el dia de reunirse con amigos y familia, de seguir todas esas tradiciones que generaban jubilo y solidaridad entre vecinos, y cercania en la familia medio dispersa, que en esas ocasiones se reunia. No habia tantas costumbres importadas y mas bien se trataba de inventar situaciones para estar contentos y recibir el nuevo año llenos de optimismo y esperanzas renovadas. 




Pasado el 31 y despues de las correspondientes trasnochadas y resacas de algunos cuantos de nuestros progenitores y uno que otro de los mas audaces adolescentes que a escondidas o con permiso de sus padres se pasaba de vinos, el 1o. de Enero era un dia de mas comida rica, de mas descanso, con esos veranos bogotanos que tal parece dejaron de existir.  Habia forma de salir a algun sitio a pasar la tarde y poco a poco se iba regresando a la rutina del nuevo año. Quedaba aun el ultimo evento, el de los Reyes Magos, que no pasaba a ser mas que una celebracion religiosa, y si mi memoria no me falla, para ese dia habia una procesion, que desde luego uno disfrutaba. 




Las vacaciones lentamente iban tocando a su fin, mientras uno poco a poco iba desarmando el pesebre, guardando las imagenes cuidadosamente protegidas y apiladas dentro de la caja correspondiente, ayudando a botar el musgo viejo y aceptando que por un año mas habria que esperar la llegada de la siguiente Navidad.





Hoy recuerdo, no sin nostalgia, esos dias maravillosos, mientras me dispongo a convertir los presentes en dias de regocijo y alegria con quienes puedan estar a mi alrededor. Deseo para todos mis amigos muzulmanes un mes de tranquilidad,  lleno de alegria y de reflexion para iniciar con buenos proyectos el proximo año y una feliz e inolvidable Navidad!!!!





viernes, 2 de diciembre de 2011

Adios al temible Noviembre!!!


No sé si algunos de ustedes, como yo, sientan especial afecto por cierto(s) meses del año. ¿Acaso será el de nuestro cumpleaños?  ¿Los de las vacaciones? 
Pero....cuántos de ustedes han sentido alguna vez, una especie de aversión por el temible mes de Noviembre?  Yo soy una de ellas! Afortunadamente, en este mismo mes celebro el cumpleaños de personas muy queridas, lo cual ayuda a que se contrarreste el desamor que a lo largo de los años sentí por este penúltimo mes del año. No dejo de pensar en esos recuerdos que hasta hace algún tiempo todavía me perseguían al empezar a correr este mes, que se inicia con la celebración del día de los muertos y el de todos los santos.


Ahora que lo pienso mejor, creo que tenían razón en colocarse juntas esas fiestas, ya que por un lado se recordaba absolutamente  a todos los personajes del santoral, que eran invocados durante este calamitoso mes más que en ningún otro, y por otro lado, estábamos en vela, como almas en pena, no los santos difuntos, sino los vivos, pero muertos de miedo, como yo, que temíamos lo que durante este mes ocurriría.

¿No les pasaba a algunos de ustedes, que a medida que se aproximaban los exámenes finales en Noviembre y ante esas durísimas pruebas que verificaban nuestro aprovechamiento académico, la sangre se les iba como congelando del pánico, y el pulso y el corazón cambiaban su ritmo normal?  La razón era debido a que pronto se corroboraría que el año se nos había ido entre fantasías, sueños, recochas y juego y mas bien poco de tareas!


Sé que algunos de ustedes no estarán de acuerdo conmigo, porque no sufrían de este mismo mal. Muchos, eran sin duda, los que por el contrario, hacían parte del grupo de los condecorados, los que salían con la frente en alto ese último día, el de la clausura de clases, con un enorme diploma o mención de honor en la mano y cuántos incluso, con una medallita colgando de la solapa del uniforme. Ese no era mi caso! Fueron pocas las veces en que con temblor en las piernas tuve que pasar al frente de todo el colegio, y parada ahí al lado de la bandera de Colombia, aceptar ese honor de la medallita que me produjo siempre algunas complicaciones. 



No fue nada fácil olvidar esos Noviembres con sus noches de desvelo, tratando de ponerme al día con los conocimientos no logrados durante los restantes meses, para hacer quizás el único y último intento serio de pasar las materias, antes de que se pusiera en evidencia mi negligencia y mi desgano por esas tediosas clases que me producían mas sueño y cansancio que interés auténtico por el conocimiento que, afortunadamente, posteriormente floreció por obra y gracia de algunos buenos maestros a quienes doy las gracias y los respectivos créditos. No fueron en vano tampoco esos días transcurridos entre angustias y avatares. Pese a todos ellos, la suerte pareció favorecerme y casi sin enterarme, un buen día, sentí que me desalojaban de un empellón de las aulas del colegio, donde transcurrieron quizás los mejores años de mi infancia y adolescencia.



Inevitablemente, hacia finales de cada Noviembre, las preguntas eran mas o menos las mismas: ¿Pasaría el año? ¿Tendría que habilitar alguna material?  ¿Mis compinches también serian aprobadas y podríamos continuar juntas el año siguiente? Hubo, desde luego, muchos golpes de pecho, arrepentimientos y buenos propósitos con promesas para el año siguiente, que poco se cumplieron, pero ante tales vicisitudes y el apremiante momento de la entrega de calificaciones, no había otro remedio que encomendarse a todos los santos, prometer lo que resultara más convincente y desde luego, presentar un comportamiento intachable en esos últimos días, tanto en la casa como en el colegio.  



Esas buenas imágenes de las últimas semanas, podrían contar a la hora del balance final. Padres y maestros tendrían fresco el recuerdo de nuestros últimos días de clase y quizás, ese comportamiento fuera tenido en cuenta, para borrar algo del rosario de quejas que nos habían acumulado durante los meses pasados. Esos finales del agonizante mes de Noviembre eran tan lánguidos como nuestros ánimos. Presentíamos lo peor y ya era demasiado tarde para dar marcha atrás al calendario. Había que estar preparados para lo peor. Aquellas eran noches de angustia, de pesadillas y hasta de insomnio.Teníamos que recurrir también a los préstamos de último momento de los cuadernos ajenos con los apuntes al día, para lograr llegar a los exámenes finales con el cerebro un poco más entrenado. Ahí sí seguíamos cuanto consejo escuchábamos. Levantarse a estudiar a las tres o cuatro de la mañana, lo que no habíamos hecho en uno solo de los días pasados. Poner papelitos debajo de la almohada con esas fórmulas matemáticas que no lograban quedarse en nuestra cabeza, con la idea de que los buenos espíritus nos apoyaran y nos iluminaran al día siguiente, o que alguno de esos métodos hipnopédicos, finalmente funcionaran. En última instancia, confesémoslo, había que recurrir también a los sopletes. No eran fáciles esos días finales del mes de Noviembre.



Hoy en esta nueva etapa de mi vida, la llamada madurez, por fin puedo sentir ese alivio de no tener que prepararme más para alguna prueba académica u otro examen que no sean los médicos de rigor propios para esta edad y que los aprendizajes nuevos, aunque también difíciles, vienen acompañados de una actitud más serena y adulta, y ese manual de instrucciones que hemos ido acumulando con los años y las experiencias vividas, nos permiten sobrevivir día a día, disfrutando todo lo que la vida nos regala con cada nuevo amanecer.  
Quedaron lejos los nefastos Noviembres con sus entregas de notas y esos temores por los resultados, que sentíamos como la crónica de una muerte anunciada, aunque hoy sigo dando gracias, de todos modos, por esos angustiosos días que, aunque dejaron muchos sinsabores, también nos proporcionaron, como quiera que haya sido, bases sólidas para enfrentarnos a lo que siguió.
Adios Noviembres de terror....por y para siempre!!!!